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11 de marzo de 2014

Cosas de Africa


El HAPV (anunciado como HAPPY, FELIZ) [HAPV por las siglas en inglés de "vehículo de impulso humano y animal"] es una vuelta de tuerca del medio de transporte conocido como calesa o coche de caballos, haciendo de este burro, carro y panel solar sobre un toldo, un VUG (vehículo utilitario de granja) muy ingenioso . Un burro arrastrando un carro es una imagen habitual en muchos países de África, y esta mejora que ha llevado a cabo la organización Water and Wheel [Agua y Rueda] añade una funcionalidad y una utilidad que encajan bien en las zonas rurales de África.
HAPV
Dotado con un panel solar que recarga una batería de 12 voltios situada bajo el asiento del conductor, “HAPPY” se convierte en una fuente de energía autónoma y sostenible.
 

Que hace funcionar un punto de conexión de teléfono móvil, luces de emergencia delanteras y traseras, y un pequeño tubo de neón para las horas nocturnas. Si se le añadiera un sistema de filtración de agua, “HAPPY” se convertiría en una unidad móvil multifuncional, que podría dar un buen soporte al negocio de un emprendedor, pudiendo generar beneficios como punto de venta de agua fresca, como punto de telefonía móvil o como tienda spaza… incluso cuando ya haya caído la noche.




     Hippo roller

Me tropecé con la web de este artilugio de nombre extravagante. Es una solución francamente inteligente a un problema muy frecuente. Estos “Hippo-Roller” serían perfectos para los poblados rurales de Botsuana, donde es habitual que haya un dispensador centralizado de agua, y la suave arena del Kalahari no entorpecería el traslado. Actualmente los habitantes hacen un viaje diario para llenar de agua un contenedor y vuelven a casa soportando la pesada carga (debería añadir que la persona encargada de esta tarea suele ser una mujer). He visto usar carretillas para este cometido, pero la profundidad de la arena lo dificulta. Por supuesto, la única solución real sería dotar a cada hogar de agua corriente. Seguro que desconozco todos los detalles de la cuestión, pero me da la impresión de que podría ser una posibilidad real en Botsuana, donde la población es relativamente baja (1,8 millones de personas) y el Gobierno tiene mucho dinero.
 The Hippo Roller in Action









     Molinos caseros
Cuatro hermanos de Kenia Occidental han empezado a resolver sus problemas con el agua creando bombas de agua impulsadas por molinos de viento, con partes de bicicletas viejas y materiales de techado. Han fabricado 30 y están ganando bastante dinero. Esta es otra historia de africanos que resuelven sus propios problemas empleando materiales locales:
Los cuatro hermanos Ututu han heredado unas amplias tierras de cultivo fértiles que el padre dividió en terrazas a finales de los años 50. A pesar de este recurso, estaban teniendo problemas por la falta de agua, tanto para beber (lo que originaba una pérdida de tiempo al tener que ir a buscarla a 15 km. de distancia durante la estación seca) como para regar (a causa del poco rendimiento de las escasas lluvias).

Bomba molino de viento keniana

23 de octubre de 2013

Acacia Blanca





OTRO TESORO NATURAL :  La "ACACIA" BLANCA ( Faidherbia albida)
 Se utiliza para la fijación del nitrógeno. Es un  arbol, que como todas las leguminosas, fija en sus raices el nitrogeno. Lo cual beneficia la tierra que lo circunda .
 Y como toda planta sirve para el  control de la erosión. Algo  muy importante en Africa.
A diferencia de la mayoría de los otros árboles, arroja sus hojas en la estación de las lluvias, por esta razón, es muy valorado en la agrosilvicultura, ya que puede crecer entre cultivos sin sombrearlos. 
 


Por eso a su alrededor se suelen poner pequeños huertos. En este caso maiz. 
Foto después de recoger el maiz.

La Faidherbia albida es uno de los mayores árboles espinosos, llegando a 30 m de altura, con ramas y una copa redondeada. La corteza es rugosa y de color marrón oscuro, o lisa y verde-gris, las ramas jóvenes de color blanco a gris ceniza característica en forma de zigzag. Las estípulas espinosas, rectas, de unos 2 cm de largo, de color crema. Las raíces pueden crecer hasta los 40 m de profundidad.
Las hojas con 3-10 pares de pinnas, cada una teniendo 6-23 pares de folíolos bastante grandes, de 3,5-9 x 0,7-3 mm, de color gris-verde. Las flores en delgados picos de color blanco cremoso con 4-14 cm de largo. Cáliz 1-1,7 mm de largo, glabro a pubescente, con 5 sépalos. La corola de 3-3,5 mm de largo con 5 pétalos libres.
 

 El fruto es una vaina inusual, brillante de color naranja a rojizo-marrón, gruesa, indehiscente, característica y claramente curvada y trenzada, grande, de hasta 25 x 5 cm. Cada vaina contiene 10-29 semillas de color marrón oscuro, ovoides, brillantes cada una de 10 x 6,0 mm y separadas por un tabique delgado. El tegumento es duro, impermeable y coriáceo.
Se utiliza para la fijación del nitrógeno para las cosechas y control de la erosión. Las vainas de las semillas son muy importantes para el ganado y se utiliza como alimento para los camellos en Nigeria. Su madera es usada para la construcción de canoas, morteros y majas. También tiene usos en alimentación, bebidas y medicinales.



 
A diferencia de la mayoría de los otros árboles, arroja sus hojas en la estación de las lluvias, por esta razón, es altamente valorado en la agrosilvicultura, ya que puede crecer entre cultivos sin sombrearlos.
-Tiene valor medicinal para el tratamiento de infecciones como las del aparato respiratorio, también para la malaria y las fiebres. Es útil en el tratamiento de los problemas de sistema digestivo. La corteza se emplea en la clínica dental de higiene y de su extracto se emplea en el tratamiento del dolor de muelas. El extracto también se utiliza para tratar infecciones oculares en las granjas de animales.
 





15 de octubre de 2013

África y sus tierras



El Pais 8 Oct 2013

El Banco Mundial y las Naciones Unidas están convencidos de que África puede convertirse en el gran granero que alimente al resto del planeta. Sin embargo, hay voces que alertan de que ello podría tener implicaciones negativas para la seguridad alimentaria de la propia población africana. La pregunta que suena cada vez más en determinados círculos políticos y económicos es: ¿debe vender cantidades masivas de alimentos una región donde el hambre y la escasez siguen presentes?
El continente africano, y en particular el África subsahariana, es una zona de amplios contrastes. Mientras la sequía extrema y el hambre golpean a países como Namibia, un reciente trabajo de la Fundación Mo Ibrahim, que promueve el buen gobierno en la región, destaca que de los 15 países del planeta donde más ha crecido la producción agrícola entre 2000 y 2008, siete son africanos: Angola (13,6%), Guinea (9,9%), Eritrea (9,3%), Mozambique (7,8%), Nigeria (7%), Etiopía (6,8%) y Burkina Faso (6,2%). ¿Cómo interpretar situaciones tan dispares? En 2050, la población africana se duplicará y ya serán 2.000 millones de personas que atender. ¿Tendrá África capacidad para alimentar a los 54 países que la dibujan y al mismo tiempo a un planeta que le exige cada vez más alimentos?
“¡Desde luego que África podría ser el granero del mundo!”, exclama Mercy Wambui, experta de Uneca (Comisión Económica para África de Naciones Unidas). “Pero antes tienen que producirse una serie de cambios internos. Comenzando por una gestión más eficaz de los recursos”. Sin embargo, el terreno es sólido. “África posee el 60% de las tierras [la mayor extensión del mundo] potencialmente cultivables del planeta”, incide Aaron Flohrs, socio especialista en esta región de la consultora McKinsey. De hecho, según el Anuario Estadístico de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), un 79% de los campos que podrían cultivarse en el continente están sin trabajar. Y la gestora de fondos de inversión Fidelity asegura que solo se explota el 10% de los 400 millones de hectáreas de tierra cultivable situadas entre Senegal y Sudáfrica. Suficiente, apunta Fidelity, no solo para alimentarse ellos mismos sino para satisfacer la creciente demanda mundial.
“El potencial es enorme, pero hace falta impulsarlo con políticas de desarrollo sostenible”, reflexiona Mercy Wambui. Dicen los expertos que para lograrlo hay que romper el ciclo de la agricultura de subsistencia (el 85% de las explotaciones africanas ocupan menos de dos hectáreas), invertir en infraestructuras que apoyen el crecimiento del sector (carreteras, puentes, embalses) y alcanzar economías de escala. Pero estas son ideas que parecen sacadas de un manual de economía, la vida en África impone sus propias enseñanzas.
África genera al año 700 millones de toneladas de productos agrícolas, que le reportan 313.000 millones de dólares (230 millones de euros), según el Banco Mundial. O sea, la agricultura explica el 15% de su riqueza. Sin embargo, la exportación de alimentos básicos cayó del 3,8% en 2003 al 3,5% en 2012. Así lo revela la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, en sus siglas inglesas).

África alberga más de la mitad de la tierra cultivable del planeta
Sudáfrica, uno de los países africanos con mayor desarrollo agrario, es un importador neto de comida. ¿Cómo es posible? Thabo Ncalo y Humphrey Gathungu, responsables de la gestora de fondos Stanlib Africa Equity Fund Managers, aportan varias pistas. “Muchas explotaciones aún dependen de la lluvia y carecen de sistemas de irrigación propios. Además, la producción aumentaría drásticamente si utilizaran fertilizantes y mejores técnicas de labranza”, aseguran. Pero no todo es una cuestión de rendimiento sino también de ahorro. Las pérdidas que se producen al finalizar la cosecha se han convertido en un mal endémico. Solo en el cereal oscilan entre el 15% y el 20% de todo lo recogido. Es una merma que cuenta. “Una reducción del 1% en ese tipo de pérdidas puede transformarse en una ganancia al año de hasta 40 millones de dólares (30 millones de euros)”, calculan los analistas Ncalo y Gathungu.
La FAO lleva tiempo avisando de que en el mundo se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos al año. Un tercio del total. Es más, la organización advierte de que en 2050 el planeta necesitará 71 millones de hectáreas de cultivos adicionales para alimentarse. África y su granero tendrán entonces que entrar en escena urgidos por la necesidad. ¿Podrán responder al desafío?


El sector agrícola africano crece a una tasa limitada de entre el 2% y el 5% anual. Parte desde niveles bajos y todavía tiene un fuerte potencial de mejora. Y tierra donde hacerlo no le falta. “Mozambique, Nigeria y Zambia comparten las mayores extensiones de campos infrautilizados del continente”, desgranan en Fidelity.
Las posibilidades se extienden a los territorios del sur, centro y este. Naciones como la República Democrática del Congo cuentan con un vasto granero (el 52% de todas las tierras del país son cultivables) sin utilizar debido a las guerras civiles y los conflictos sociales. Y esto nos lleva a otra consideración. Las estrategias agrícolas, para que tengan éxito, deben estar respaldadas por buenas políticas de gobernanza, y aquí el continente falla. También flaquea en la gestión del agua, que según los expertos del banco Citigroup “es el verdadero desafío en el África subsahariana”, donde solo un 4% de los cultivos están irrigados. Un reto que, por ejemplo, exige realizar inversiones en infraestructuras para extender el regadío.
Es una lectura del problema que encaja con la que el Banco Mundial plasmaba en el trabajo Growing Africa: Unlocking the Potential of Agribusiness, publicado en marzo pasado. Esta institución piensa que África podría crear un mercado de alimentos en 2030 de un billón de dólares (736.500 millones de euros) si abriera sus puertas a la entrada masiva de capitales, empresas y tecnología extranjera. Pero esta propuesta encuentra la oposición de varias organizaciones no gubernamentales, ya que esa idea, aseguran, transita justo en la dirección contraria. “¿A quién beneficia este mercado si está controlado por especuladores financieros de Londres, Nueva York o Pekín?”, se pregunta Henk Hobblink, coordinador de la organización Grain. “Utilizar prioritariamente las tierras agrícolas para exportar mientras haya personas que pasan hambre en el continente es un crimen. Y echar a los campesinos de sus campos para dárselos a inversores foráneos para que produzcan más es, además, un error”.
Esta última frase de Henk Hobblink traslada el texto al fenómeno del acaparamiento de grandes extensiones de tierras (y agua) en África. La ONG Grain denuncia que unos 60 millones de hectáreas del continente (algo más del tamaño de España) han sido puestas en manos de extranjeros para su explotación, dejando fuera a las poblaciones rurales que tradicionalmente las habían trabajado como medio de subsistencia. Es muy recomendable para entender la magnitud del problema echar un vistazo al detalle de las mismas en landmatrix.org, el único portal del mundo que compila las transacciones. Hay 819 recogidas en todo el planeta. Nada menos que 383 corresponden a África. Un 46% del total. España solo aparece en una operación, de 15.000 hectáreas, en el territorio de Mozambique.
“El acaparamiento de tierras y las inversiones extranjeras para convertir África en el granero del mundo no son nada nuevo. Es un disfraz de neocolonizadores de corbata a caballo del libremercado: cultiven azúcar, cacao, café, caucho —decían entonces— y saldrán de la miseria. Cultiven soja, palma africana o cualquier cosa que necesite la agroindustria o nuestros automóviles —dicen ahora— y verán cómo les llueve el progreso. Mentiras criminales”, afirma, rotundo, Gustavo Duch, coordinador de la publicación Soberanía alimentaria.



Sin duda África necesita inversión en sus campos, pero con un modelo que incluya a sus agricultores, no que los excluya. Los consultores de Mckensey calculan que en el África subsahariana son necesarios 38.000 millones de euros al año para que el sistema agrícola funcione mejor. A pesar de todo, hay optimismo. “Ha llegado la hora de que la agricultura africana sea un catalizador del fin de la pobreza”, observa Makhtar Diop, vicepresidente del Banco Mundial para la región africana.
Esta institución cree que África podría ser uno de los principales exportadores del mundo de azúcar, maíz, soja, arroz y biodiésel y tener el mismo éxito que en su día tuvo América Latina o el sudeste asiático. También da su lista para el África subsahariana: aceites vegetales, grano para el ganado, horticultura, aves de corral y arroz. ¿Pero tiene capacidad de exportar quien aún no es capaz de alimentar a toda su población? La región es uno de los mayores consumidores e importadores del planeta de un grano tan básico como es el arroz. La mitad de lo que consume viene de fuera y los africanos pagan un precio muy alto por ello, unos 3.500 millones de dólares al año (2.578 millones de euros). África ha hecho un esfuerzo produciendo un 5% más (26,6 millones de toneladas en 2012) frente a 2011. Sin embargo, no es suficiente. También habrá 25 millones de hectáreas adicionales de maíz en 2013. Pero tampoco parece bastante. En Zambia este cereal proporciona ya la mitad de las calorías de la dieta de sus habitantes. Consumen 133 kilos de cereales cada año. Su dependencia es enorme. ¿Qué hacer? ¿Recurrir a cultivos genéticamente modificados y su propuesta de agricultura intensiva?
Carlos Vicente Alberto es responsable de Sostenibilidad en Europa y Oriente Próximo de Monsanto, el principal fabricante de semillas genéticamente alteradas del planeta y, también, una de las empresas con peor imagen del mundo. Él lo tiene claro: “Los cultivos modificados genéticamente pueden contribuir a incorporar tecnologías agrícolas más eficientes en el uso de los recursos (suelo, agua, energía). Es decir, más productivas y sostenibles”. Una visión rechazada de plano por los grupos ecologistas. Pero no solo por ellos. Antonio Hernández, socio de Internacionalización de KPMG, descarta algunas de esas ideas. “La agricultura intensiva a gran escala tiende a ser intensiva también en capital y no crea puestos de trabajo. A la vez desplaza a las personas. ¿Consecuencia? Pierden su empleo en la agricultura de subsistencia”, avisa. Sin que necesariamente obtengan un puesto de trabajo alternativo en la explotación agrícola intensiva.
Pocos dudan, como sostiene Mercy Wambui, de que “África necesita un milagro para impulsar su productividad agraria y equipararla al incremento de la población, pero hasta ahora no hay consenso en que el uso de las semillas biológicas sea la solución”.
Los cultivos modificados genéticamente ponen sobre la mesa la fragilidad de la agricultura en la región. Pese a todo, muchos economistas ven en el continente, y por ende en su potencial agrario, el último gran mercado del planeta. Además, cuenta con “la clase de consumidores que crece más rápido en todo el mundo”, sostiene Michael Lalor, director del Centro de Negocios de África en Johannesburgo de la auditora Ernst & Young. La aseveración lleva a una de las cuestiones más debatidas de África. ¿Está surgiendo una clase media real, en parte como respuesta a ese boom del consumo?
En abril del año 2011, el Banco Africano de Desarrollo publicó un controvertido trabajo (La Mitad de la pirámide: Dinámica de la clase media en África) donde definía a esa clase media africana como aquellos que tenían un consumo per cápita diario de entre dos y 20 dólares (1,5-14 euros). Con estos parámetros, les salían 313 millones de africanos. Claro que tuvo que admitir que el 60% de su recién descubierta clase gastaba entre dos y cuatro dólares al día (1,5-3 euros). Una “clase flotante”, dijo entonces, que se desplaza por encima del límite de la pobreza (menos de dos dólares diarios).
Por su parte, el Banco Mundial, al igual que algunas de las grandes consultoras del mundo, como Deloitte o McKinsey, admiten la existencia de esta clase media estimándola entre 200 y 300 millones de personas. Otros organismos, como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el club de los países más ricos del mundo), rebajan el entusiasmo a los 32 millones de personas. Aunque hay miradas más escépticas. El economista jefe para África del banco Citigroup, David Cowan, asegura que “no existe una clase media africana como tal. Hay una élite emergente y un grupo muy fuerte de consumidores, que está creciendo sin pausa”.
Sea cual sea la estimación más correcta, lo que parece innegable es que la emergencia de esta clase media tiene una repercusión directa sobre la agricultura. “Con mayores ingresos”, observa Sebastian Kahlfeld, gestor del fondo de inversión DWS Invest Africa, perteneciente a la entidad financiera Deutsche Bank, “la demanda de alimentos de más calidad crecerá de forma proporcional. De hecho, un mayor consumo de proteínas, primero con carne blanca y después roja, necesita más producción de piensos para la cría del ganado. Esto aumenta la presión dirigida a mejorar las condiciones de cultivo y de la agricultura en general”. ¿Será suficiente para llenar el granero de África y del mundo? En pocos años lo sabremos.

Datos
  • El continente africano alberga el 60% de la tierra cultivable de todo el planeta.
  • El 85% de las explotaciones de África ocupan menos de dos hectáreas.
  • El 79% de los campos que podrían cultivarse en África están sin trabajar.
  • Solo se explota el 10% de los 400 millones de hectáreas de tierra productiva entre Senegal y Sudáfrica.
  • El sector agrícola crece a una tasa de entre el 2% y el 5% anual.
  • Unos 60 millones de hectáreas cultivables del continente están en manos de extranjeros.
  • Solo un 4% de los campos de cultivo están irrigados, lo que reduce el rendimiento. La producción también mejoraría con fertilizantes y mejores técnicas de labranza.

http://blogs.worldwatch.org/nourishingtheplanet/wp-content/uploads/2011/02/African-indigenous-crop-vegetable-nightshade-Solanum-scabrum-leafy-nutritous-West-East-Mary-Onyango-Abukutsa-Jomo-Kenyatta-University-of-Agriculture-and-Technology.jpg
Cultivo de papas en Africa

11 de octubre de 2013

La papa en africa





La papa tardó en llegar a África, alrededor de inicios del siglo XX. En los últimos decenios la producción ha crecido constantemente, de 2 millones de toneladas en 1960 a un volumen extraordinario de 16,7 millones de toneladas en 2007. Las papas se cultivan en una gran variedad de condiciones, desde las fincas comerciales irrigadas de Egipto y Sudáfrica, hasta las tierras altas tropicales intensamente cultivadas de África oriental y central, a cargo principalmente de los pequeños productores.
1. Egipto
La papa se introdujo en Egipto en el siglo XIX y su producción a gran escala comenzó durante la primera guerra mundial, porque los funcionarios británicos de la colonia fomentaron la producción para alimentar a los soldados. Sin embargo, después de la guerra, la mala calidad de las semillas importadas y la falta de experiencia de los agricultores con este cultivo impidieron que aumentara su producción.
Esta situación cambió. Desde 1961 la producción de papa de regadío en Egipto, concentrada en el norte del delta del Nilo, ha crecido a una tasa superior al 5% anual. Entre 1990 y 2007 la producción anual aumentó de 1,6 millones de toneladas a unos 2,6 millones de toneladas, con lo que Egipto se convirtió en primer productor africano de papas.
Egipto también es uno de los principales exportadores mundiales de papa. En 2004, las exportaciones ascendieron a más de 380 000 toneladas de papas frescas, y 18 000 toneladas de productos congelados de papa, destinados sobre todo a los mercados europeos.
2. Malawi
La papa llegó al África oriental en el siglo XIX, a través de los misionarios y los colonizadores europeos. Pero este cultivo no adquirió importancia para la población de Malawi sino hasta el decenio de 1960, cuando su producción llegó a unas 60 000 toneladas anuales.
Malawi es actualmente el principal productor de papa del África subsahariana. En 2007 cosechó 2,2 millones de toneladas. La papa se cultiva principalmente en las zonas altas, en las regiones sur y central del país, que son las más aptas por tener una altura de entre 1 000 y 2 000 metros y más de 750 mm de lluvia al año. En algunas partes de la región del sur los agricultores pueden recoger dos cosechas al año. Con frecuencia la papa se siembra con el maíz y los frijoles durante la principal temporada agrícola, de octubre a marzo.
Se exporta una parte mínima de la producción de papa de Malawi. El consumo anual se ha triplicado con creces en los últimos 15 años, a una elevada cifra de 88 kg per cápita.
3. Sudáfrica
Es probable que los marineros holandeses que se dirigían al oriente asiático llevaran la papa a Sudáfrica en el siglo XVII (los marineros promovían la producción de papa en los puertos de escala, a fin de reabastecerse de tubérculos frescos).
La producción de papa en Sudáfrica ha crecido mucho en los últimos 15 años, de 1,2 millones de toneladas en 1990 a la cifra extraordinaria de 1,97 millones de toneladas en 2007. Casi toda la producción se cultiva en fincas relativamente extensas, y cada vez más con riego y una producción promedio de más de 34 toneladas por hectárea.
Sudáfrica cuenta con una moderna industria de semillas de papa y, gracias en buena parte a la acelerada urbanización del país, también tiene un dinámico sector de elaboración de la papa, que utiliza unas 250 000 toneladas de papa al año, principalmente para producir papas a la francesa congeladas y hojuelas de papa. El consumo anual de papa es unos 30 kilogramos por persona.
4. Argelia
Después de la introducción del Solanum tuberosum en Argelia, a mediados del siglo XIX, la papa se cultivó principalmente para exportarla al mercado francés. Cuando Argelia se independizó de Francia, en 1962, los productores cosechaban un promedio de 250 000 toneladas al año, de lo cual una tercera parte iba a los mercados de exportación.
Desde entonces, la papa se ha convertido en un cultivo importante para el consumo interno, y en 2006 la producción batió un récord de 2,18 millones de toneladas. La papa se cultiva en una superficie de 90 000 hectáreas, y se puede sembrar y cosechar en Argelia prácticamente todo el año.
Las principales zonas de cultivo de la papa están en la costa mediterránea, donde el clima benigno permite producirla durante todo el año. También se cultivan papas a alturas de 500 metros en las montañas y los valles situados entre las costas y los montes Atlas, así como en las mesetas elevadas. El consumo anual de papas en Argelia aumento de 35 kilogramos en 1990, a unos 57 kilogramos en 2005.
5. Marruecos
En Marruecos la papa probablemente estaba bien establecida desde antes que el país se convirtiera en protectorado francés, en 1910. Desde la independencia, en 1956, la producción ha crecido con vigor, de unas 150 000 toneladas en 1961 a un volumen récord de 1,56 millones de toneladas en 2006. En el mismo período, la producción aumentó de 10 toneladas a más de 26 toneladas por hectárea.
Por su volumen, la papa hoy es el tercer cultivo de Marruecos, después de la remolacha azucarera y el trigo, y el segundo después de los tomates, entre las hortalizas de exportación, con unas 40 000 toneladas enviadas a Europa en 2005.
La papa se cultiva todo el año, salvo por un breve período durante el invierno. La producción de papa fresca se concentra en la costa del Atlántico al norte y al sur de Casablanca, donde un clima mediterráneo modificado ofrece condiciones aptas para su cultivo. También se produce papa en las zonas montañas de los Altas, a alturas de más de 3 000 metros sobre el nivel del mar. El marroquí promedio consume 42 kilogramos de papa al año.
6. Rwanda
Los soldados alemanes y los misioneros belgas llevaron la papa a Rwanda a principios del siglo XX. Hoy, la papa es el segundo cultivo más importante de este país, después de los plátanos. Y en la región subsahariana, Rwanda es el tercer productor de papa, después de Sudáfrica y Malawi.
Desde 1961, la producción de papa en Rwanda ha crecido de menos de 100 000 toneladas, a un volumen sin precedentes de 1,3 millones de toneladas en 2005. La cosecha de 2007 fue un poco inferior. Las papas se dan bien en muchas partes del país, sobre todo a mayor altura de 1 800 metros sobre el nivel del mar, y en algunas zonas se recogen dos cosechas al año. El sector de la papa está formado principalmente por pequeñas fincas que intercalan el cultivo de papa con los frijoles y el maíz, y la producción promedio es de casi 10 toneladas por hectárea.
La papa es la base de la seguridad alimentaria en Rwanda. El consumo anual es muy elevado, de 125 kilogramos por persona, con lo cual este tubérculo es la segunda fuente más importante de calorías, después de la yuca.
7. Nigeria
En el mundo de la papa, destaca el país más poblado de África, Nigeria. Es el cuarto productor de papa del África subsahariana, destina una superficie de tierras al cultivo de la papa equivalente a la de Alemania, y la producción de papa se ha septuplicado en los últimos 10 años, para llegar en 2007 a un volumen de 840 000 toneladas.
La principal zona productora de papa es la meseta de Jos, donde una altura de 1 200 a 1 400 metros y temperaturas del verano pocas veces superiores a los 35ºC ofrecen un clima templado, adecuado para la producción de este cultivo. Sin embargo, limita la producción la falta de variedades adecuadas, así como el elevado costo de la tierra y la mano de obra. Por esto, la productividad de Nigeria es una de las más bajas del mundo, con poco más de 3,1 toneladas por hectárea.
El consumo de papa también es muy bajo, apenas unos 3,2 kilogramos per cápita al año. Sin embargo, en Nigeria está aumentando el gusto por las papas, sobre todo en las zonas urbanas, que están creciendo aceleradamente. Desde 2000, las importaciones de papa cruda y elaborada han aumentado de menos de 9 000 toneladas a 40 000 toneladas al año.
8. Kenya
La papa, llevada a África oriental por los agricultores británicos en el decenio de 1880, ha adquirido cada vez más importancia en los últimos 30 años, como alimento básico y como fuente de ingreso agrícola. Es el segundo cultivo alimentario, por la cantidad producida, después del maíz. En 2007 se produjo alrededor de 800 000 de toneladas de papas.
En Kenya los pequeños agricultores son los principales productores de papa y muchos de estos productores son mujeres, si bien hay algunos grandes productores comerciales. El cultivo de papa se concentra en las zonas altas, entre 1 200 y 3 000 metros sobre el nivel del mar.
Casi toda la papa producida en Kenya se consume en el país, con un promedio de casi 25 kilogramos por persona al año. La papa gusta no sólo a la población rural que la produce, sino que también a la población urbana de ingresos más altos. Si bien en algunos países africanos se considera un "alimento de pobres", en Kenya es un producto alimentario de gran calidad y prestigio.
9. Uganda
El cultivo de la papa llegó a Uganda a principios del siglo XX, posiblemente gracias a los misionarios procedentes del Congo. A mediados de siglo se producía extensamente este tubérculo en las tierras altas y frescas del país, en realidad llegó a proliferar tanto que en algunas zonas la consideraban una maleza.
En 1960, el Ministerio de Agricultura de Uganda puso en marcha un programa que ayudó a incrementar la producción promedio hasta 10 toneladas por hectárea. La producción llegó a 350 000 toneladas en el decenio de 1970, pero cayó mucho durante el generalizado conflicto civil del decenio siguiente.
Desde 1990 la producción de papa se ha recuperado, y pasó de 224 mil toneladas a una cosecha sin precedentes de 650 mil toneladas en 2007. En el mismo período, la superficie cultivada de papas se triplicó hasta alcanzar una extensión de unas 90 mil hectáreas. Casi la mitad de la cosecha nacional se produce en las tierras altas de Kabale, intensamente explotadas, que están a unos 2 000 metros sobre el nivel del mar, a unos 400 kilómetros al suroeste de Kampala.
10. Angola
A principios del siglo XVI los barcos del Portugal llevaron papas y batatas a lo que habría de convertirse en el África occidental portuguesa. Si bien la batata se popularizó mucho entre los agricultores locales, la producción de papa se circunscribió a la meseta de Bié, donde la altura y los vientos del Atlántico crean un clima templado.
Al independizarse, en 1975, la producción anual de papa en Angola era de unas 32 000 toneladas, la mayor parte se cultivaba en las tierras altas de la provincia de Huambo. La producción se estancó en los siguientes 27 años de guerra civil, pero floreció al restablecerse la paz. Entre 2002 y 2007, la superficie destinada al cultivo de papa se triplicó y la producción se duplicó, pasando de 260 000 toneladas a una cosecha récord de 615 000 toneladas.
Se estima un consumo anual de papa de 15 kilogramos por persona, que está en acelerado aumento debido a la urbanización. Sin embargo, limitan la producción una productividad baja, de unas 5 toneladas por hectárea, grandes pérdidas postcosecha y la dependencia de papa semilla importada. Para satisfacer la demanda, Angola también importa papas de Sudáfrica.
11. Etiopía
Se atribuye a un inmigrante alemán la introducción de la papa en Etiopía, en 1858. En los siguientes decenios, los agricultores de las tierras altas de Etiopía comenzaron a adoptar el nuevo cultivo, que fue considerado "póliza de seguro" contra posibles malas cosechas de los cereales.
Entre los países africanos, es posible que Etiopía tenga el mayor potencial para la producción de papa: el 70% de sus tierras agrícolas –situadas principalmente por encima de los 1 500 metros sobre el nivel del mar– están consideradas aptas para la papa. Como en las montañas vive también casi el 90% de la población de Etiopía, la papa podría contribuir a la seguridad alimentaria del país.
En Etiopía hoy se sigue considerando la papa un cultivo secundario, y su consumo anual por persona es de apenas unos 5 kilogramos. Sin embargo, se está propagando constantemente el cultivo de este tubérculo. La FAO estima que la producción aumentó de 280 000 toneladas en 1993 a 460 000 toneladas en 2007.